Costa Amalfitana

Por Daniel Prada

La belleza del entorno, el perfume de los cítricos y el delicioso clima han convertido a la península Sorrentina en uno de los destinos más visitados de los últimos años. Concretamente la Costa Amalfitana, que se encuentra situada en Italia, entre Salerno y Sorrento, es la zona que más deslumbra, que posee la magia del mediterráneo que tanto ha encantado a viajeros de todo el mundo. La terrazas, de un verde intenso salpicado por el amarillo de los característicos limones con los que se fabrica el auténtico y genuino Limoncello, se suspenden sobre el mar dentellante, el patrimonio artístico y la arquitectura típica, convierten a esta costa en un lugar maravilloso, salvaje, ardiente y muy romántico. El paisaje está caracterizado por poderosas escolleras que se hunden en el mar, con bahías ganadas a la tierra, y ensenadas como la espléndida Gruta de la Esmeralda en Conca dei Marini y el Fiordo de Furore. Entre pendientes vertiginosas, acantilados y rocas escarpadas, encontramos oasis naturales como el Vallone di Porto, y pueblecitos encantadores que cubren la divina costa y que todos ellos merecen una parada casi obligatoria para deleitarse con su mar, profundamente azul, su vista singular, su pintoresca vida y cómo no, de paso hacer alguna compra que otra, principalmente de artesanía y productos típicos. Como recomendación, os proponemos una parada en alguno de los vendedores ambulantes de fruta para haceros con limones y cedros, que son una especie de limones gigantes que se comen como fruta con algo de azúcar, y que también son la base para hacer limoncello casero.
Adentrarse en la tierra de las sirenas que sedujeron a Ulises, donde el mar le gana a la tierra por el color esmeralda y donde las casas aguantan por un suspiro encaramadas a la montaña, es todo un lujo. Amalfi, Ravello, Positano, Furore, entre otras localidades, forman rincones de la Costa Amalfitana de belleza extrema; pequeños paraísos que dejan impresionada a nuestra vista y roban el corazón de los turistas que allí pasan unos días. Cada lugar tiene cientos de atractivos, tanto turísticos, como culturales, gastronómicos o lúdicos. Todo has de verlo, porque seguro, querrás volver a visitarlo.
Tal y como les gusta denominarla a los italianos, la “divina costa” que se ve atravesada por la SS 163, una carretera que serpentea, literalmente, todo el litoral amalfitano, y ofrece en cada curva estupendas vistas. Empezando desde Salerno, ya nos encontramos con la primera estrella del firmamento, el centro balneario de Vietri Sul Mare; a tan sólo un kilómetro se ubica la concurrida playa de Marina di Vietri. Esta localidad es conocida no sólo por su costa sino también por sus cerámicas multicolores, tradición que remonta al siglo XV. Dejando atrás a Vietri y atravesando Due Fratelli y la Punta de Fuenti, llegamos a la playa Cetara. Más adelante, la playa de la Marina di Erchie y Capo d’Orso, una masa rocosa negra e irregular que arranca en vertical del mar. Siguiendo el recorrido de la costa, espera Maiori, moderno centro de veraneo y que posee la playa más amplia de todo el litoral amalfitano. Justo al lado, su hermana Minori. Siguiendo la SS 163, Atrani, un antiguo núcleo donde residían las antiguas familias nobles de la República marinera de Amalfi. Es en este municipio que se puede tomar un desvío para acceder a Ravello, inspiración para Richard Wagner y donde no puedes perderte los Jardines de la Villa Rufolo y el mirador de la Villa Cimbrone. Retomando la SS163 desde Atrani, nos espera majestuosa Amalfi, encajada entre los montes y el mar, y surcada por callejuelas estrechas y tortuosas; una auténtica joya del mediterráneo. Sus numerosas playas, como Lido Azzurro, Lido delle Sirene, lo Smeraldino, Marina Grande, o Stella Maris, son dignas de fotografiar y, cómo no, dejar reposar nuestro cuerpo al sol durante unas horas en ellas.

AMALFI
El centro principal y el corazón histórico de la Costa es Amalfi. En la serenidad azul del cielo y del mar, Amalfi, observada desde el puerto, parece encerrada en el hueco de una mano. Arriba, el escenario de los montes, articulado como fondo marino salpicado por las casas; abajo, una trampa pintoresca llena de callejuelas y escaleras, hasta la gran plaza donde desde lo alto de la famosa escalinata domina la majestuosa Catedral. Un escenario único, donde los recuerdos históricos son los verdaderos artistas. Las pintoresca callejuelas de Amalfi acogen multitud de turistas que admiran la antigua República Marinera. Los puestos de pescado recién traído del mar adornan los puestos de souvenirs, que se ven aromatizados por el olor que desprenden los fabulosos granizados de limón. En Amalfi, debes visitar también los Antiguos Arsenales, que era lugar donde antiguamente se construían las famosas galeras con más de cien remos, destinadas a la carga de mercancías provenientes de los mercados orientales. Para los amantes del Limoncello, la fabrica artesana situada en Amalfi hará sus delicias, un poco más dulces. Comprar un par de botellitas, una para recordar este paraíso en casa, y otra para degustarla a la luz de la luna en alguna terraza allí mismo, es una de las principales atracciones. Además del Limocello, puedes llevarte a casa algo del Viagra natural de Amalfi, el peperoncino, una especie de pimiento picante desecado, muy bueno para hacer aceite picante para las pizzas. Si lo que buscas es algo con más estilo para llevar como recuerdo a tus amigos, o familiares, lo mejor es que te lleves una muestra del papel de Amalfi. Hay varios tipos de recuerdo, como por ejemplo, libros, diarios, cartas y sobres, todo ello realizado con este famoso papel, una especie de pergamino que aún sigue fabricándose por un par de artesanos que conservan la tradición. Célebre es la Ruta del Vino de Amalfi, que se despliega entre terraplenes que sostienen los viñedos improvisados entre peñascos. Aquí se cultivan estas cepas como joyas que dan como fruto los diferentes tipo de uva que se utilizarán par los vinos de la denominación de origen de la Costa d’Amalfi y Ravello.

 

 

POSITANO
Atrapada en la montaña y rodeada por la rica vegetación mediterránea, emerge la bella Positano. Un pueblecito tan pintoresco que parece un decorado de Hollywood. Visto desde el mar parece un pesebre a tamaño natural. Sobre la ladera de la montaña se extienden toda una serie de casitas de diversos colores, efecto policromático digno de observar. Las casas se han ido construyendo unas pegadas a las otras, realizando pórticos de arcos, dando la impresión de ser una piedra pintada de colores pastel. Para acceder hasta el centro es algo complicado, ya que sus angostas calles o, mejore debería decir calle, en singular, de una sola dirección no son muy circulables. Lo mejor es dejar el coche en las afueras y caminar por sus callejuelas peatonales hasta alcanzar la playa, centro neurálgico de Positano. Dichas callejuelas están repletas de tiendecitas de ropa, de souvenirs, de delicatessen, artesanía, o bisutería. Todas ellas descienden empinadas hacia la Marina Grande, una amplia playa desde la que puedes otear casi toda Positano, una vista impresionante hacia el mar como hacia la montaña. Otras playas de menor tamaño, pero igual o más de encantadoras son las de Fornillo, Fiumicello y Ariezo.
El municipio también es famoso por la moda veraniega. En el laberinto de calles, las boutiques venden la moda “made in Positano”, prendas extravagantes realizadas con tejidos y colores de moda. Desde bikinis, atuendos playeros, de gala, hasta los característicos trajes de novia. También son muy típicas las sandalias a medida, que te las hacen en el mismo momento que las compras en un abrir y cerrar de ojos. Las cerámicas multicolores son muy bonitas y los artistas exponen sus cuadros con las vistas de zona. Vale la pena probar la variedad de productos típicos. Divinos.
Positano, a pesar de heredar la tradición pesquera de antaño y de haber evolucionado hacia la modernidad, no ha perdido ni ápice de su belleza y encanto, que poco a poco está empezando a descubrir el preciado turismo internacional.
A pocas millas de la costa, pueden verse tres pequeños islotes, el archipiélago denominado Li Galli, rodeado de un mar azul intenso, el Gallo Lungo, la Rotonda, y el Castelluccio, morada de las sirenas que sedujeron a Ulises según cuenta la tradición. Simplemente fascinante.

RAVELLO
Una de las gemas de la Costa amalfitana es Ravello, su nombre ya fue inmortalizado en el Decamerón de Boccaccio. Famosa por su atmósfera de tranquila serenidad, ofrece joyas arquitectónicas de rara elegancia, de las que destaca la Catedral dedicada a San Pantaléone, donde abundan tesoros artísticos. Justo a su lado, se encuentra la Villa Rufolo, datada del siglo XVIII, y que mezcla las estructuras originales con sus impresionantes jardines, considerados los más bellos de toda la Campania. La naturaleza compite con el hombre creando una atmósfera sugestiva de belleza natural y artificial, avenidas de tilos y cipreses, cascadas de flores, con un mar de un azul intenso visto desde el mirador, o los conciertos de verano que se llevan a cabo todos los años en un escenario suspendido entre el vacío del acantilado y el jardín. Otro de los atractivos es la Villa Cimbrone, comprada por Ernest William Beckett en 1904 y que la transformó en una villa de excepcional seducción. En ella estuvieron albergadas celebridades de la talla de Winston Churchill o Greta Garbo. El mirador es una terraza que mira al infinito, dicen que sin igual en el mundo.


MINORI Y MAIORI
Son dos pequeñas localidades a cual de las dos más bonitas y encantadoras. Tanto la una como la otra son centros de veraneo con bellas playas, donde domina la cocina marinera y sus vinos autóctonos. Minori hechiza al visitante con la postal que conforman sus casitas que dominan la pequeña playa, ofeciendo al turista un pasisaje espléndido. Por su estratégica posición sobre la costa fue elegida por los antiguos romanos para lugar de ocio, testimonio de ello es el grandioso complejo arqueológico, destacando el viridium, el triclinio-ninfeo y los mosaicos. Maioiri, como su nombre indica es algo más grande que Minori. Posee un paseo marítimo encantador y una multitud de ruinas de castillos y torres medievales. Dignos de ver son también el complejo rupestre de Santa Maria de Olearia, una abadía benedictina del año mil; la Gruta Sulfurea y la Gruta Pandora, la primera rica en agua sulfureo-magnésica con propiedades curativas, y en la segunda, el escenario verde esmeralda que forman las estalactitas y estalagmitas es inolvidable.

Más información:
http://www.amalfitouristoffice.it/

 

 

 

REPORTAJE COMPLETO PUBLICADO EN LA REVISTA QTRAVEL Nº 4