Cerdeña, un paraíso en el corazón del Mediterráneo

 Cerdeña, un paraíso en el corazón del Mediterráneo

La isla de Cerdeña, con poco más de 1.500.000 habitantes, es uno de los últimos secretos del Mediterráneo. Lejos de circuitos turísticos tradicionales, la isla cautiva al visitante por su extraordinaria combinación de contrastes: sus calas, recónditas, de aguas azul turquesa bañan el exterior. En el interior, sus senderos se adentran en las montañas y colinas, rutas perfectas para los amantes del deporte de aventura. Además, la isla conserva vestigios prehistóricos y arqueológicos de gran riqueza cultural, fruto de los numerosos contactos entre civilizaciones y pueblos que llegaron a la isla en el pasado; numerosas celebraciones paganas y fiestas tradicionales muestran el arraigo del pueblo sardo con su historia.

Cerdeña, un destino para todas las épocas del año

La isla ofrece una inmensa diversidad de propuestas para el visitante durante todo el año. Sus ocho provincias administrativas -Cagliari, Sassari, Nuoro, Oristano, Olbia-Tempio, Ogliastra, Carbonia-Iglesias y Medio Campidano- tienen entre sí grandes contrastes que hacen de la isla un destino especialmente atractivo para los amantes de la naturaleza, la cultura y la gastronomía.

Más del 80% del territorio está formado por montañas o colinas rocosas (giare o gollei), muchas de ellas desgastadas por la erosión de los siglos. Por ello, Cerdeña está repleta de recorridos e itinerarios ideales para los amantes del senderismo, el alpinismo y el ciclismo de montaña: la ascensión a la Punta La Marmora, con sus 1.834 metros que se coronan tras cuatro horas de camino, da la oportunidad de descubrir desde lo alto un paisaje soberbio.

Para los amantes del sol, en Cerdeña se encuentran algunas de las mejores playas de todo el Mediterráneo. Las posibilidades son enormes: grandes arenales con campos de dunas (como Capo Comino, al este o Bosa Marina, al oeste) o calas de aguas cristalinas y turquesas (como cala Luna o cala Mariolu, al este, o cala Sapone, al sur). En el archipiélago de la Maddalena (al norte de la isla, en la exclusiva costa Esmeralda, famosa por ser destino de muchas celebridades del cine, la política o el deporte), en isla Budelli, uno puede descansar en una playa de arena rosa (Cala Rosa), formada por fragmentos de coral, cáscaras de moluscos y trocitos de granito.

En el litoral de la isla se extienden una rica y vasta formación de grutas subterráneas, entre las que destacan la gruta de Neptuno, en Capo Caccia (cerca de Alghero), con espectaculares formaciones de tipo calcáreo. A estas grutas se puede sólo llegar en barco o a través de la escalera de Cabirol, una larga escalinata construida en el acantilado en 1954 que baja a un gran lago de 120 metros de largo, en el que se vislumbran enormes columnas formadas por la unión de estalactitas y estalagmitas.

No obstante, no hace falta esperar a las épocas de bonanza para visitar la isla: los recursos culturales, arquitectónicos y paisajísticos son ilimitados. Cagliari (la capital, situada al sur) y Sassari (al norte) son las dos ciudades más pobladas de la isla. Pese a ello, no dejan de poseer un aire provinciano y con un folclore popular muy arraigado. La fiesta de San Efisio, que se celebra el 1 de mayo en Cagliari, muestra el agradecimiento de la población al santo por haber alejado en 1656 la epidemia de la peste de la ciudad. En la cabalgata sarda en Sassari, en el penúltimo domingo de mayo, más de tres mil personas vestidas con trajes locales bailan, cantan y tocan música tradicional y celebran exhibiciones ecuestres en honor a los soberanos que tradicionalmente visitaban la isla por esas fechas.

Las fiestas del carnaval sardo comienzan, según la tradición, el 17 de enero, con un baile de máscaras en los que diferentes personajes escenifican la lucha del hombre contra las fuerzas de la naturaleza, que terminan con la ceremonia de expulsión del invierno. En la Sartiglia, carrera ecuestre que se celebra en Oristano el último domingo de carnaval, cada año se concentran miles de personas que se amontonan al borde de una pista que atraviesa las principales calles de la ciudad, y jalean a los jinetes (ocultos por una máscara) que deben acertar con la espada una estrella de seis puntas presente a lo largo del recorrido.

Cerdeña-España: una tradición e historia común

Cerdeña formó parte de la corona de Aragón y de España entre los siglos XIV y XVIII adquiriendo un legado artístico y cultural que aún hoy se puede apreciar en algunos pueblos y ciudades de la isla. En Alghero, por ejemplo, todavía se puede oír hablar catalán (arcaico pero entendible) y muchas de las obras arquitectónicas responden a un estilo propio derivado del gótico catalán y con influencias de la Italia continental. Buen ejemplo de ellos son la catedral de Sassari o el casco viejo de Alghero en el que se encuentra el Palazzo Machin, o la iglesia y el claustro de San Francesco.

Una gastronomía rica y equilibrada

La gastronomía de Cerdeña es rica, variada y con mucho sabor. Destacan productos como la pasta (culurgionis, raviolis rellenos de patata en forma de espiga de trigo y los malloreddus, también llamados gnochetti sardi), el cochinillo asado (maialetto arrosto), embutidos, queso de oveja (pecorino), miel, aceite de oliva y el carasau, pan típico de la zona de larga conservación. Los amaretti, compuestos de una pasta de almendras dulces y amargas, se comen en grandes reuniones como bodas, bautizos y aniversarios. Los amantes del buen vino pueden degustar grandes caldos de calidad como los Monica (Cagliari); Cannonau, Vermentino y Nuragus (blancos de Gallura y Cagliari); de los vinos dulces, el Moscatel y Nasco pero indudablemente son una especialidad la Vernaccia de Oristano y la Malvasia de Bosa, como acompañamiento de postres o dulces típicos de la isla o aperitivo.

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