Descubre el Oeste de Uruguay a principios del siglo XX

 Descubre el Oeste de Uruguay a principios del siglo XX

Esta zona alberga vestigios históricos de la Revolución Industrial del país latinoamericano que están postulados para ser Patrimonio Mundial por la Unesco

 

Las localidades de Fray Bentos y Colonia del Sacramento, situadas en la parte uruguaya más cercana a Argentina, conforman un territorio casi virgen para el turista español. Acercarse estas zonas es experimentar el estilo de vida de finales del siglo XIX y principios del XX, y descubrir lugares tan impactantes como el Museo de la Revolución Industrial, postulado para entrar en la lista Patrimonio Mundial de la Unesco. También permite a sus visitantes vivir en primera persona los cambios sociales y económicos gracias a la iniciativa ‘Recrear la historia’, un gigantesco escenario ambientado de forma fidedigna en esta época, esencial para el devenir de las sociedades actuales.  

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Uruguay es mucho más que sol y playa. El país charrúa, situado entre Brasil y Argentina, posee una arraigada tradición colonial originada por el paso de los conquistadores españoles y portugueses. Gracias a ese pasado y a su situación geográfica, Uruguay tuvo un papel esencial en el progreso de la Revolución Industrial a finales del siglo XIX y principios del XX. Zonas como Colonia del Sacramento o Fray Bentos, en la zona oeste, fueron grandes núcleos donde fábricas y ferrocarriles elaboraban y desde donde transportaban gran cantidad de productos que se consumían en el resto de Latinoamérica.

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Hoy en día, visitar estos destinos es sentir en las propias carnes el estilo de vida de esta época tan convulsa y fructífera. Un paseo único para los amantes de la historia es el Museo de la Revolución Industrial de la propia ciudad de Fray Bentos, que ha sido postulado por el gobierno uruguayo para integrar la lista Patrimonio Mundial de la Unesco. El recinto fue en el pasado el edificio donde funcionó una de las principales fábricas cárnicas de Sudamérica, conocida como ‘la gran cocina del mundo’, pasó por manos alemanas (Liebig, 1862), británicas (Anglo, desde 1924) y del Estado uruguayo (Frigorífico Nacional) desde 1968, antes de cerrar sus puertas en la década de los 70.

Una visita guiada por este, hoy en día, Museo, permite conocer cómo su corned beef y su extracto de carne fueron modelo alimenticio en el mundo entero y protagonistas de la nutrición diaria de los ejércitos europeos durante la I y la II Guerra Mundial. En este espacio se puede ver todo tipo de maquinaria, el proceso de elaboración del extracto, los uniformes de trabajo y hasta las tarjetas de los despidos de los obreros que participaban en las huelgas.

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De concretarse la declaración de Patrimonio Mundial de la Humanidad, el conjunto de Fray Bentos sería el segundo bien material de Uruguay en alcanzar esta distinción tras la ciudad de Colonia del Sacramento, cuyo casco antiguo fue proclamado como tal en 1995. Precisamente en este destino se encuentra otra innovadora propuesta del gobierno charrúa para volver atrás en el tiempo.

Frente a la antigua plaza de toros del Real de San Carlos, a tan solo seis kilómetros del centro urbano, se emplaza la iniciativa ‘Recrear la historia’, una propuesta concebida como muestra cultural y museo del ferrocarril acompañado de un singular servicio gastronómico.

Vías, vagones, reproducción de las instalaciones de diferentes hangares, silbatos de locomotoras, llaves de los camarotes o números de los asientos se emplazan entre una infinidad de objetos que convergen para transportar a los visitantes al apogeo ferroviario de finales del siglo XIX y principios del XX.

Uno de los espacios mejor recreados de este inmenso escenario es la oficina del director de la estación, que contiene un escritorio con la mejor tecnología de ese momento: máquina de escribir Underwood, ventilador Limit y el entrañable telégrafo. El viaje en el tiempo puede completarse con una merienda en pintorescos vagones ambientados donde es posible degustar especialidades caseras de la zona, como los chivitos o los asados de res, servidas en vajilla antigua para que hasta el paladar se sienta también trasladado más de 120 años atrás.

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