Descubre Portugal a través de su rico Patrimonio Cultural

 Descubre Portugal a través de su rico Patrimonio Cultural

Portugal cuenta con un rico Patrimonio cultural que  ha sido distinguido por la Unesco en varias ocasiones. La última, la de la Universidad de Coimbra, nombrada Patrimonio de la Humanidad antes del verano. Además, de los lugares reconocidos por la Unesco, Portugal guarda innumerables muestras culturales reflejadas en sus palacios, castillos, monasterios y museos que salpican de norte a sur el país.

El Norte del país ofrece un paseo por la historia a través de los estilos arquitectónicos con construcciones celtas, romanas, románicas, barrocas, neo-clásicas y ultramodernas. La región ofrece múltiples rutas culturales. La del Barroco discurre entre Lamego y Chaves. Lamego, con su santuario de estilo barroco es una ciudad de calles empinadas y pintorescas, donde se mezclan casas y murallas medievales. Merecen una visita la iglesia de Almacave, de fachada románica, la catedral gótica con su torre reclinada y las pinturas de Nicolau Nassoni.

El recorrido desde Lamego a Chaves pasa por Vila Real, un hermoso núcleo medieval, con casas blasonadas y calles llenas de vida. El Jardim da Carreira y el palacio Mateus, una de las más notables joyas del Barroco portugués son cita obligada. Además, la ciudad ofrece vestigios romanos como el puente sobre el río Tâmega, un castillo medieval, la iglesia barroca de la Misericordia y los fuertes de San Francisco y San Neutel.

 Desde Chaves visitar Bragança y Miranda es muy sencillo. Bragança, rodeada por 15 torres y una impresionante muralla medieval, conserva su ciudadela en la que sobresale la gigantesca Torre de Homenaje que alberga el Museo Militar. Domus Municipalis es un bello y raro ejemplo de arquitectura civil románica.  En tiempos medievales es donde se reunía el Senado municipal. Miranda, “Mir Andul” según los árabes, está muy cerca de la frontera con España. Es una ciudad peculiar, a orillas del Duero y en la que se habla un dialecto especial. Rodeada por el Parque Natural do Douro, es una ciudad de raíces celtas que fue ocupada por los romanos. De visita obligatoria es la iglesia de Santa María Mayor, que durante cerca de dos siglos tuvo la categoría de Catedral. Hoy en día, Miranda es conocida, sobre todo, por su folclore animado y lleno de color, donde sobresalen los «Pauliteiros», con su traje típico de faldas, y las “Festas dos Rapazes”, entre Navidad y Año Nuevo.

El impresionante paisaje cultural del Duero, la primera región de vino del mundo al ser demarcada en 1756 y considerada Patrimonio de la Humanidad desde 2001, fue creada por el hombre durante siglos.

 De visita obligada es Oporto, una de las más ricas y genuinas ciudades de Portugal. Para descubrirla una opción es el Circuito de la Sé. Discurre desde la Sé Catedral y palacio episcopal, pasando por el Teatro de São João con su impresionante fachada, hasta la Estación de São Bento, decorada con paneles de azulejos alusivos a la historia de Portugal. Su zona ribereña puede visitarse siguiendo el Circuito de la Ribera que parte de São Nicolau  y pasa por la Casa do Infante. En la calle Ferreira Borges se encuentra el Instituto del Vino de Porto. En este recorrido también se puede admirar la arquitectura del hierro portuense: el Mercado Ferreira Borges y los puentes Maria Pia y Luis I. El recorrido termina frente al palacio de la Bolsa, donde se puede visitar el magnífico Salón Árabe. 

 

LISBOA

En la región de Lisboa hay numerosos lugares llenos de historia y arte. El monasterio cisterciense de Alcobaça, el Monasterio de Batalha, obra maestra del gótico portugués; y el Convento de Cristo en Tomar, sede de la Orden de los Templarios.

En torno a una de las más bellas sierras portuguesas – Sintra – se encuentran palacios y museos únicos en entorno y paisaje con una riqueza extraordinaria. El Palacio da Pena, visita obligada en Sintra, es el más romántico de Portugal por la reconstitución fantasiosa y neo-manuelina de un palacio al gusto del romanticismo.  A pocos kilómetros de Sintra, enQueluz, la visita palaciega llega al que fue residencia de verano de la familia real y, en Mafra, al palacio-convento-basílica, el mayor edificio portugués construido en el siglo XVIII. 

Desde aquí, merecen una visita Cascais y Estoril. Situados junto al mar, se convirtieron a partir de la 2ª mitad del siglo XIX en estaciones de veraneo muy de moda, las preferidas de la aristocracia. Palacetes y bellísimas villas fueron construidas y algunas de ellas, hoy transformadas en museos, pueden ser visitadas. Entre ellas es de especial interés el Museo de los Condes de Castro Guimarães.

Lisboa, capital de Portugal, filmada, cantada y descrita por artistas y visitantes de todo el Mundo es una visita en sí misma. Culturalmente, Lisboa ha conseguido aunar un pasado como uno de los grandes puertos de mundo, con museos, monumentos y tradiciones que lo atestiguan, y un presente marcado por una nueva puerta abierta al Mundo del siglo XXI, con museos contemporáneos, acontecimientos culturales de renombre y una forma de vida de ciudad cosmopolita.

Lisboa es famosa por sus monumentos de arte manuelino, como la Torre de Belém y el Monasterio de los Jerónimos, ambos Patrimonio Mundial. También son recomendables laCatedral y el Padrón de los Descubrimientos, un homenaje a los grandes navegantes portugueses. Desde su parte más alta, se puede  observar la Rosa de los Vientos trazada en el suelo. El Castillo de San Jorge, donde asistir a una proyección sobre la evolución de la ciudad; la Iglesia de San Roque,  uno de los primeros centros de los jesuitas en Portugal; laBasílica de Estrela, transición del barroco al neoclásico, que esconde un extraordinario belén de más de 500 figuras; el Monasterio de São Vicente de Fora, con paneles de azulejos inspirados en las fábulas de La Fontaine o la barroca Iglesia de Santa Engracia, hoy Panteón Nacional, donde se encuentra la tumba de la fadista portuguesa Amália Rodrigues.

La oferta de museos en Lisboa es muy amplia y variada: el Museo de Arte Antiguo donde está expuesto el tríptico Tentaciones de San Antón, de El Bosco;  el Museo de la Fundación Calouste Gulbenkian; el Centro del Arte Moderno; el Museo do Chiado y el Museo Berardo; la Fundación Arpad-Szènes / Vieira da Silva, que guarda la obra de la pictórica portuguesa más famosa en el mundo. El recorrido por los museos lisboetas lleva a otros más pintorescos como el Museo Nacional de Carruajes, con una colección única en el mundo; o el Museo del Azulejo. 

Otro lugar muy interesante es el famoso Parque de las Naciones, creado para la Exposición Mundial de 1998, hoy alberga el Oceanário y otros puntos de interés como el teleférico o el Pabellón de Portugal. Por supuesto, la Estación de Oriente, diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava, hoy es referente de modernidad.

No hay que dejar Lisboa sin conocer sus barrios históricos: Alfama, Castelo y Morería, Bairro Alto, Chiado y Bica, con su tradicional funicular; y la Baixa.

 CENTRO

En el Centro de Portugal están escondidas aldeas históricas hechas de granito y pizarra que guardan historias sobre conquistas y tradiciones antiguas. Señaladas por altivas torres y castillos medievales que se alinean a lo largo de la frontera fueron deseadas por moros y cristianos, castellanos y portugueses.

Los castillos de la frontera fueron baluartes indispensables para la defensa del territorio. Se trata de un conjunto de castillos que simbolizan las más profundas y remotas raíces que ayudan a comprender la cultura y vivencia de los portugueses. Los castillos, en su mayoría, están clasificados como monumentos nacionales, remontándose a los siglos XI, XII y XIII. Para recorrerlos existe la Ruta de los 20 Castillos.

Otra ruta bien distinta, es la Ruta del Vino de Dão. Recorre una región vinícola de larga tradición que sorprende por los aromas, los paseos, el mismísimo río y los excelentes vinos que ahí se producen… Rodeada por las sierras de Estrella y Caramulo, esta ruta permite visitar algunas de las fincas productoras de vino Dão y disfrutar del placer de descansar en una casa señorial, como Casa Abreu Madeira, en Canas de Senhorim, Solar de Torrozelo, en Seia, o Casa de Fataunços, en Vouzela.

Viseu impresiona con la austeridad de la piedra y con el Museo Grão Vasco, que alberga un importante acervo de arte sagrado y pinturas del siglo XVI. Guarda, donde la iglesia-fortaleza de la Catedral se yergue en el alto de un barrio que fue antigua judería, y Mangualde, con su majestuoso Palacio de los Condes de Anadia, completan esta ruta.

La Ruta de la Historia parte en Coimbra. Su centro histórico es el testigo de la historia universitaria de la ciudad. También la orilla izquierda del Mondego merece una visita. Allí se sitúan Portugal dos Pequenitos, que encanta a grandes y pequeños, y las iglesias de Santa-Clara la Vieja y la Nueva. Al sur de Coimbra se encuentran las ruinas del mayor legado romano en el país: Conímbriga. Patios revestidos de mosaicos policromados, jardines de hasta 500 chorros de agua que funcionan gracias a un complejo sistema de canalizaciones, murallas defensivas de hasta 4 metros de altura…. Castelo Branco, “Albi castrum” según los colonos romanos, es un centro histórico con calles estrechas medievales y varios castillos y monasterios, en medio de un paisaje exuberante, a la orilla del Tajo.

ALENTEJO

Alentejo es testigo del pasado de Portugal. En ella se encuentran vestigios de la época romana como mosaicos, cisternas, foros, ciudades desaparecidas y viejos monumentos, e incluso de épocas anteriores impresionantes monumentos megalíticos. Las «villas» de Pisões y San Cucufate, permiten hacerse una idea de la lujosa vida de los romanos entre mosaicos de hace 20 siglos. En Miróbriga, el hipódromo romano es testigo de la noble historia de los caballos lusitanos.

Castro da Cola tiene testigos de la rica historia portuguesa, desde el Neolítico hasta la era medieval cristiana, sin olvidar el precioso legado musulmán. En Castelo de Vide, el castillo está rodeado por casas blancas destacando sobre el paisaje verde. Desde lo alto del castillo se aprecian uno de los panoramas más magníficos del Alentejo. El pueblo también acoge una de las juderías mejor conservadas de Portugal y una antiquísima sinagoga.

 La zona de Campo Blanco está salpicada de cortijos. En sus aldeas y pueblos, puede disfrutar de las visitas a la Basílica Real en Castro Verde; la ermita de la Señora del Castillo enAljustrel; o el poblado fortificado de Mesas do Castelinho en Almodóvar.

De gran interés es la Ruta de las Ciudades de Mármol que recorre Alandroal, Borba, Estremoz y Vila Viçosa. Aquí las casas están construidas en mármol y en menor medida con pizarra. Recorrer Alentejo por carreteras secundarias es un maravilloso viaje para descubrir los hermosos pueblos de Flor da Rosa, Evoramonte, Pías, Sao Gregorio, Telheiro, o Santa Susana, muchos con castillos. También de gran interés cultural es el Museo de Arte Contemporáneo en Elvas.

Évora es una referencia imprescindible para quien viaja al Alentejo motivado por la temática del patrimonio. Catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, ocupa un justo lugar destacado en cualquier itinerario de turismo cultural.

Su patrimonio arquitectónico y artístico es tan omnipresente e impresionante que, por sí sólo, guía los pasos de aquellos a los que les gusta caminar sin rumbo: del romano al neoclásico, pasando por el gótico y por las diferentes expresiones del manuelino, del renacimiento al barroco, todas las épocas de la historia están documentadas con obras que nos llenan los ojos y el alma. Citando sólo lo esencial, se requieren algunas horas para visitar el templo romano, la Catedral de Santa María, la Iglesia de San Francisco y la Capilla de los Huesos, el Palacio D. Manuel, la Ermita de San Blas, el mirador de la Casa Cordovil, la ventana manuelina de la casa de Garcia de Resende, el antiguo Colegio del Espíritu Santo, actual universidad, la Iglesia de la Misericordia, la Plaza de Giraldo y el Teatro Garcia de Resende.

ALGARVE

Leyendas de, casas tradicionales, castillos y vías romanas esperan en el Algarve. Esta región de Portugal posee dólmenes del Neolítico, a través de vías romanas y recorriendo la historia de los descubridores y el pasado árabe. Es tierra de ferias, folclore y artesanía en aldeas de casas blancas, e historias como la de la ciudad de Lagos, que fue atacada por el famoso pirata Francis Drake.

En Faro, capital de Algarve, están el castillo amurallado, la catedral, la iglesia de la Misericordia, el elegante Paço dos Bispos y los claustros del convento de Nuestra Señora de la Assunção.

En la ciudad de Sagres se guardan vestigios de la era de los descubrimientos, ya que fue el lugar elegido por el Infante Don Enrique para construir la escuela de navegación; desde allí partían los grandes navegantes portugueses en busca de nuevos mundos.

Aunque el Algarve sea más conocido como lugar de magnificas playas y inviernos espectaculares con los almendros en flor, una visita a la reserva natural de la Ría Formosa merece la pena durante el año entero.

AZORES

Las nueve islas de las Azores poseen un rico patrimonio histórico en el que destacan templos y artes balleneras. Angra do Heroísmo, en Terceira, y su centro histórico renacentista impresionan al visitante. Encrucijada entre el Nuevo y el Viejo Mundo, Angra fue “escala universal del Mar Poniente”. Merecen atención las casas de arquitectura tradicional, la Catedral, la Iglesia manierista de Nuestra Señora da Guia y el anexo Museo de Angra, así como el Palacio de los Capitanes Generales y la fortaleza de S. João Baptista.

También merecen una visita el Parque 7 Fuentes en la isla de San Jorge; los museos balleneros y los viñedos de la Isla de Pico, isla donde se encuentra la montaña más alta de Portugal; y las lagunas de las Azores, sobre todo La Caldera de las 7 Ciudades en la Isla de San Miguel. Cualquiera de los hermosos pueblos pesqueros que se encuentran en las islas es un pequeño mundo construido durante siglos por balleneros, agricultores y pescadores.

MADEIRA

Madeira expone una vasta herencia cultural de 500 años que se remonta a la época de los Descubrimientos. Museos, iglesias, palacios casas solariegas, hábitos y costumbres populares, folclore y diversas manifestaciones artísticas… todos son expresiones de un arte de vivir sin par en el Atlántico. La hospitalidad y simpatía de sus gentes permitirán compartir su cultura, hábitos y costumbres. 

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