Propuestas para visitar Cantabria

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DISFRUTA SANTANDER Y RELÁJATE EN SUS PLAYAS

En Santander, capital de Cantabria, se puede disfrutar, sin abandonar un entorno urbano, de gran parte de los atractivos de Cantabria: playas, paisaje, naturaleza, gastronomía, cultura y diversas variedades deportivas, entre las que destacan por derecho propio el golf y la vela. Aquellos visitantes que lleguen a Santander atraidos por su amplia y magnífica oferta cultural, no tienen que renunciar a las jornadas de playa, pues en la ciudad ofrece diversas opciones para tomar el sol y disfrutar de un refrescante baño.

El carácter de la ciudad está marcado por la presencia de su enorme bahía, un excelente puerto natural presente en la historia desde tiempos anteriores al propio imperio romano. A pesar del desarrollo propio de una ciudad con intensa actividad comercial y portuaria, Santander conserva la belleza de un entorno paisajístico privilegiado –que se disfruta desde la misma ciudad–, un estrecho contacto con la naturaleza, amplios espacios verdes y playas dentro del entorno urbano, destacando la zona de El Sardinero y La Magdalena, donde se encuentra el palacio de verano del rey Alfonso XIII y sede de la UIMP.

Santander se muestra al visitante como una ciudad de tamaño medio, cosmopolita y con una gran vida, plasmada en una intensa actividad comercial, una gran oferta cultural, importantes citas lúdicas y deportivas y grandes espacios para el paseo y el ocio. Y todo ello, sin olvidar una amplia oferta gastronómica y de lugares para el tapeo.

Santander ha crecido siempre paralela al mar, asomada a la bahía y al Cantábrico. Ambos han marcado su historia y el carácter de la gente que la ha habitado. Por ello, conocer Santander es adentrarse en su bahía y en sus playas.

Una ruta entre playas

Santander es mar, bahía y playas. Pequeñas ensenadas al resguardo de los vientos del nordeste y grandes arenales en el abra de El Sardinero. Se puede conocer todas las playas mediante una ruta que nos lleva de este a oeste,desde el mismo centro de la ciudad hasta los límites del municipio.

Empieza la ruta de las playas en el Promontorio de San Martín, en pleno centro de la ciudad dominado por la imponente figura del Palacio de Festivales de Cantabria. Junto al Museo Marítimo del Cantábrico, este lugar da acceso a la playa de Los Peligros que está unida a los arenales de la Magdalena y la de los Bikinis. Esta última así denominada al ser en ella donde se vieron las primeras prendas de baño de dos piezas vestidas por las extranjeras que venían a Santander a veranear.

Todas ellas son de aguas tranquilas, pues se hallan en la bahía, donde el mar, salvo los días en que sopla el viento sur, se muestra plácido en la superficie. Pero bajo esa placidez se esconden las corrientes marinas que actúan en estos arenales, haciendo que cada año, después de las tormentas del invierno, las playas cambien de fisonomía.

La Península de La Magdalena es el accidente geográfico que separa las playas de Santander, y marca el límite de la bahía. Tras ella se asoma El Sardinero, con unas playas expuestas al mar abierto. La primera de ellas es la del Camello, así llamada por la curiosa roca que se encuentra en ella y que tiene la forma de este animal, tan extraño en estas latitudes. Junto a ella está la Concha, y sin perder continuidad aparece la Primera de El Sardinero, quizás la más conocida y glamurosa de la ciudad. En torno a ella surgieron los baños de ola a mediados del siglo XIX, y con ellos las primeras casetas de baños y los primeros hoteles para veraneantes. Es la imagen más típica del veraneo en el norte.

El gran arenal de El Sardinero se extiende hasta la Segunda playa, que al igual que todos los arenales de la ciudad, disfruta de un excelente ambiente en verano, llenas de pandillas de jóvenes, y familias que disfrutan de la comodidad de estas playas urbanas con todos los servicios y facilidades de acceso.

Para los que deseen más intimidad, hay una pequeña ensenada al final de la Segunda, la pequeña playa de Los Molinucos, un rincón junto al rompeolas de más difícil acceso.

La playa de Mataleñas, bajo el parque y el campo de golf del mismo nombre, disfruta de un entorno excepcional, aunque su acceso, a través de una larga escalera, puede disuadir a algunos de visitarla.

Pero, en Santander no hay sólo playas urbanas. A pocos kilómetros del centro, dentro del municipio, están las playas de la Maruca, del Bocal y la Virgen del Mar, junto a la ermita de la patrona de Santander. Estos arenales se caracterizan por estar ubicados entre acantilados abruptos, y rodeados de vegetación y escasas edificaciones. Una alternativa para quienes prefieran los entornos más salvajes.

 

Más información: www.turismodecantabria.com

 

 

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