Ischia, Capri y Procida – Las islas de los dioses

Ischia, Capri y Procida – Las islas de los dioses

Cada una de las tres islas del Golfo de Nápoles representa un aspecto concreto de la belleza de la tierra y el mar italianos. Capri, Ischia y Procida son estrellas que brillan con luz propia en el mediteráneo. Su paisaje impresionante, la hospitalidad de los habitantes, el clima suave y la magia de la naturaleza son razones suficientes para visitar este oasis.

CAPRI

De hecho es la isla con más glamour y con más fama de las tres. Personajes famosos, actores de Hollywood sobretodo, la han llevado al estrellato del turismo. Capri es un símbolo desde antaño. Acogió la epopeya del mayor imperio del Mediterráneo, el Romano, cuna de la civilización de hoy en día. Visitar Capri hoy en día significa sumergirse en un mundo embriagador de perfumes mediterráneos, jardines ocultos repletos de flores de dulce olor (jamines, madreselva, rosas y cítricos). La beleza de la isla radica en las sensaciones, como las que tienes cuando paseas por los jardines de Augusto o las ruinas de la Villa Jovis, es indescriptible. La belleza natural e incomparable de la Grotta Azzurra, el Arco Natural, los Faraglioni, la Grotta Matermania, el Monte Solaro, la histórica Villa Damecuta y los restos arqueológicos de Villa San Michele, la via Krupp, la Cartuja de San Giacomo, entre otras muchas maravillas. Quizás, la mejor manera de visitar Capri es dejarse capturar por su magia, sus puestas de sol, y ese feeling tan especial que transmite durante el tiempo que estás en ella. En la noche de Capri es imprescindible una visita a Piazzetta, entre los bares de moda, las mesas de los bares de estilo americano y lo que se suele llamar un incesante ir y venir de gente por las callejuelas sólo para echar un vistazo, dejarse mirar, como si de una pasarela de moda se tratase. Resumiendo, a Capri hay que vivirla con actitud romántica, dejándose llevar por la atmósfera un tanto mágica, llena de encato y a la vez misterio. Un sentimiento que a perdurado desde el Imperio Romano hasta nuestros días, en los que se sigue enamorado de esta pequeña isla. Una isla con mucha historia, con un corazón joven que disfruta viéndote como gozas con ella.

ISCHIA

Ischia es la isla más bella y más grande del Golfo de Nápoles, es uno de los centros hidro-termo-climáticos marino y turísticos de mayor renombre en Italia y el mundo. La Isla de Ischia es hoy una meta consolidada del turismo internacional por cuatro razones esenciales: por sus bellezas naturales, por su clima benigno, templado tanto en verano como en invierno, por sus recursos hidrotermales para la salud, por sus modernísimas instalaciones turísticas y la consiguiente capacidad de alojamiento hotelero.

Para aquel que viene de tierra firme, la isla se presenta como una imagen de ensueño, como una gran nave con banderas de fiesta, cuyos costados, puentes, ventanillas, jarcias, y demás componentes, se presentan con increibles reflejos del verde de sus campos. También las cimas de los pequeñísimos escollos se presentan bañadas de verde a lo largo de la costa. El verde invade hasta las piedras, en el famoso «tufo verde» de la zona de Forio, de cuyas piedras están compuestan formadas las originales «parracine» (muros de piedra) que adornan las densas Áeas verdes de los viñedos.

De todos modos el verde no esconde la belleza de los accidentes naturales del terreno; en efecto, su orografía, se presenta con gran variedad, se manifiesta en montaña, colinas aisladas, promontorios majestuosos, pendientes, llanos, estructuras todas que se pueden admirar con mayor facilidad desde la magnífica terraza del «soccorso», en Forio donde el Monte Epomeo se manifiesta en toda su incomparable belleza natural. Sin duda alguna es un paraje sin igual.
En el verde claro-transparene de los viñedos, en el verde azul de los olivares, en el verde oscuro de los naranjos, se ubica el blanco de la cal de las casas isleñas que da al escenario el mágico toque de la presencia del hombre.

Luego, el mar azul que rodea la bella isla de Ischia. Agua, fuego, aire y tierra, se encuentran aquí en la Isla de Ischia, donde, bajo un cielo azul, en medio de un mar que todavía es azul, hay una tierra increíblemente bella, que se mantiene a flote sobre el fuego de su volcán apagado (el Epomeo) que se manifiesta a través de las numerosas «fumarolas», las aguas termo-minerales que pululan en cualquier ángulo.

Pero las bellezas naturales de Ischia no terminan aquí. Las cómodas playas, los puertos, la alta roca a lo largo de las costas, la vegetación, la variedad de las plantas, los pinares, las flores multicolores, desde el mar al monte, hace de Ischia una de las más bellas islas de uno de los países más bellos del mundo.

Un pequeño lago formado en un cráter nos recibe a nuestra llegada, es el Puerto de Ischia, la más populosa e importante ciudad de la isla. La otra parte de la ciudad se extiende inmediatamente después de las Termas, por unos tres kilometros de litoral que podemos recorrer de varios modos: a través de la magnífica «Pineta», construida sobre la lava de una erupción y hoy poblada por graciosas casitas; o bien, siguiendo por «Via Roma» y «Via Vittoria Colonna» con un interesante Museo que recoge los más antiguos testimonios de la isla; o también costeando con la «Passeggiata Colombo» el vasto y arenoso Lido que se prolonga hasta «Ischia Ponte», un pequeño centro de pescadores que en el extremo se une por medio de un puente al islote redondo del Castillo Aragonés. Esta especie de fortaleza flotante resume la historia medieval de la isla. Junto a varias torres de vigilancia que se elevan a lo largo de la costa, aquella es el símbolo de la larga y heroica lucha sostenida por los habitantes contra la furia de los Sarracenos.
Superado el fuerte cerco de los muros, mediante una galería cavada en la roca, se pueden visitar: la Catedral, la Iglesia de la Inmaculada, el Convento de las Clarisse, junto al macabro Cementerio de las monjas y el Castillo con torreones, desde cuya terraza se puede gozar de un estupendo panorama. Ischia es una isla a descubrir con la tranquilidad y la calma de nuestras vacaciones, sin prisas, y disfrutando de cada momento, que es único.

PROCIDA

Menos conocida por el turismo que Ischia y menos esnob que Capri, pero igualmente llena de costas recortadas y de playas estupendas, Procida – la Prochyta de los antiguos – es la llegada ideal para el que busca un lugar en el que la pesca y la vida en el mar son todavía el centro de la vida de los habitantes. Les será fácil darse cuenta cuando vean a los pescadores y a sus familias atareados reparando las redes y las nasas en el muelle de alguno de los pequeños puertos. Por otra parte, la marina de Procida tiene una historia amplia y gloriosa. A principios del siglo XIX, su flota contaba ya con más de cien naves, que surcaban el Atlá¡ntico y el Pacífico. A finales de siglo, en 1885, esta pequeña isla tenía la séptima flota del Reino en cuanto a toneladas y la cuarta, en cuanto a número de naves. La arquitectura y el urbanismo son también testigos de la unión entre el mar y los habitantes. Las casas, unidas las unas a las otras, tienen colores distintos, de manera que cada marinero, desde lejos, puede reconocer la propia. También la parte más antigua – la Terra Murata, en el punto más alto de la isla – tiene una historia unida al mar. Allá­ los habitantes de Procida se refugiaban para huir de los asaltos de los piratas, y allá­ construyeron, en el siglo XVII, la sugestiva abadía de San Michele, que encierra un laberinto de galerías subterráneas y de catacumbas. Para los isleños, la solemnidad más importante es el Viernes Santo. Ese día, al alba, trombas y tambores llaman a los fieles a la procesión de los Misteri, carrozas alegóricas que desfilan por las calles junto a las figuras que representan a Cristo Muerto y a la Dolorosa. Los que visiten Procida a finales de julio pueden participar en la Sagra del Mare, con fuegos artificiales.

Más información:

www.capritourism.com
www.italiaturismo.es
www.incampania.com

 

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