En el norte de México, muy adentro del estado de Chihuahua, existe un lugar que parece salido de otro tiempo. Un rincón de la Sierra Tarahumara, donde el viento, la lluvia y los siglos, han esculpido un paisaje imposible. Lo llaman… el Valle de los Monjes.
Imagínalo por un momento: Un valle silencioso, rodeado de pinos, encinos y cielos inmensos. Y en medio de ese escenario… enormes columnas de piedra, gigantes de roca que se levantan hacia el cielo, como si fueran figuras humanas petrificadas. De ahí su nombre.