Crucero de expedición a la Patagonia

Crucero de expedición a la Patagonia

La Patagonia es uno de esos destinos cuyo nombre todavía suena a aventura. ¿Quién no ha oído hablar del estrecho de Drake? o del estrecho de Magallanes, o de Darwin y su viaje en el Beagle mientras se documentaba para su Teoría de la Evolución. Éste es uno de los lugares del planeta dónde sólo con mencionarlo nos vienen a la mente grandes expediciones y grandes aventuras.

 

Después de más 10 horas de vuelo de España a Buenos Aires, pasar el día en la capital mundial del Tango, para al día siguiente tomar otro avión hasta la remota ciudad de Ushuaia, por fin estaba llegando a uno de los destinos más deseados por los viajeros. Nombres como la Tierra del Fuego, El fin del Mundo, la Puerta a la Antártida, se me aparecían mientras aterrizábamos en el pequeño aeropuerto Internacional de Ushuaia, el más Austral del mundo.

El objetivo de este viaje era el de embarcar en un barco de la Compañía chilena Australis y participar en uno de sus míticos cruceros de Expedición, navegando desde Ushuaia hasta la ciudad argentina de Punta Arenas, recorriendo la ruta del legendario Beagle por la Patagonia.

La Patagonia es una región geográfica ubicada en la parte más austral de América, que comprende territorios del sur de Argentina y Chile. Políticamente la región se divide en dos: la Patagonia argentina, al este, y la Patagonia chilena, al oeste.

El nombre Patagonia fue dado a la región por la expedición de Hernando de Magallanes, al servicio de la corona de España, en el año 1520, después de tomar contacto con los indios tehuelches, a quienes dieron el nombre de patagones.

Magallanes habría observado los grandes pies de los indígenas y los habría llamado en su idioma natal, el portugués, “pata gau”, es decir: pata grande. De allí derivaría en español el nombre de patagones y la tierra que ellos habitaban: Patagonia. Fe de ello es lo que el cronista Pigafetta escribió en la bitácora del viaje de Magallanes: “Nuestro capitán llamó a este pueblo Patagones…”

Ushuaia es una pequeña población de unos 43.000 habitantes, y su punto neurálgico es el puerto desde el que zarpan la gran mayoría de barcos científicos, turísticos y de expedición con destino a los mares australes. Además desde Ushuaia salen las visitas al Parque Nacional Tierra del Fuego, visita obligada a todos aquellos que arriban a esta ciudad.

La ciudad se fundó a las orillas del Canal de Beagle y destacan las imponentes montañas que bordean la ciudad.

Aproveché mi día de estancia por Ushuaia para recorrerla y visitar alguno de los lugares más emblemáticos del lugar comenzando por recorrer la avenida Maipu, auténtica columna vertebral de la ciudad, que en un momento dado se convierte en la avenida de Malvinas Argentinas y continúa en dirección oeste hacia el Parque Nacional Tierra del Fuego.

Uno de los lugares imprescindibles de visitar es el Museo Marítimo y del Presidio. Cuando en 1906 los reclusos fueron traslados a Ushuaia se comenzó a construir la Prisión Nacional, que estuvo operativa hasta 1947, siendo conocida como el Presidio y llegó a albergar a 800 presos – la mayoría de ellos eran presos reincidentes. En la actualidad sus dependencias albergan el Museo Marítimo, donde se pueden ver diferentes naves a escala que hicieron famosa la epopeya de la conquista de la Antártida, como es el caso del buqe Fram del explorador Roald Amundsen, o el Beagle del capitán Fitz Roy y en el que viajó Charles Darwin. También se exponen múltiples objetos procedentes de la Antártida.

En el Museo del Fin del Mundo se encuentra una interesante colección de historia natural, con aves disecadas, objetos aborígenes, historias de las primeras cárceles y un ejemplar del primer diccionario yamano-inglés.

Antes de embarcar no podía dejar de visitar el pequeño Museo Yámana, que nos ofrece una excelente visión del modo de vida que tenían los yámanas (también llamados yaganes) y que nos explica cómo era posible que sobrevivieran al duro clima de la zona sin ropa, cómo era posible mantener el fuego encendido en una canoa en movimiento, o porqué sólo las mujeres sabían nadar.

Tal y como me habían indicado podía hacer el check-in entre las 10:00 y 16:00 horas en las oficinas que tiene la naviera en Ushuaia; tengo que reconocer que aproveché al máximo mi estancia por la ciudad así que apuré lo más que pude para hacer el check-in entre los últimos.

El embarque se iniciaba a las 17:30. Y al llegar al puerto allí estaba el que sería durante los próximos días mi centro de aventuras, el Vía Australis, un crucero especialmente diseñado para navegar por las difíciles y frías aguas australes. Con una capacidad para un máximo de 136 pasajeros, construido en 2005 y con una manga de 71 metros, dispone de 2 salones para las reuniones y briefings antes de cada salida, además de un amplio comedor, y en la cubierta superior una terraza desde donde poder disfrutar de las magnificas vistas y paisajes que nos esperaban. El barco está equipado con 4 botes Zodiac para realizar los desembarcos, pues a los lugares donde íbamos a ir, no hay otra forma de llegar.

Después de dejar mis pertenencias en un acogedor camarote de la segunda cubierta, nos citaron a todos los pasajeros a tomar un cóctel de bienvenida y a la presentación del Capitán y la tripulación.

Posteriormente, zarpamos hacia el extremo Sur. Para recorrer, a través del mítico Canal de Beagle y del estrecho de Magallanes, la Patagonia y la Tierra del Fuego.

Durante la noche hicimos una breve parada en la población chilena de Puerto Williams para cumplimentar los trámites de entrada en el país. La navegación nocturna fue muy tranquila; estuvimos navegando por el canal Murray y bahía Nassau. A primera hora de la mañana la cosa comenzó a moverse un poco, estábamos acercándonos al Mar de Drake, ya estábamos cerca del Parque Nacional Cabo de Hornos. A pesar del cielo plomizo y de la amenaza de lluvia pudimos realizar el primer desembarco de nuestra expedición, y qué mejor lugar que el Cabo de Hornos.

El mítico Cabo de Hornos fue descubierto en 1616 y es un promontorio casi vertical de 425 metros de altura. Durante muchos años fue una importante ruta de navegación para los veleros entre los océanos Pacífico y Atlántico. Es conocido como el fin del mundo y fue declarado Reserva Mundial de la Biósfera en 2005. Allí conocimos al Alcamar o Alcalde de Mar, un militar del ejército chileno cuya función es el cuidado del Faro y control del tráfico por las difíciles aguas de la zona. Este hombre vive con su familia aislado en la isla durante un año, y su único contacto físico con el mundo es a través de las visitas que los Cruceros de Australis le hacen todas las semanas, durante la época de navegabilidad.

Después de la subida y tras un breve paseo, accedemos al extremo sur de la Isla, aquí el viento sopla con fuerza y nos encontramos el monumento al Albatros, dedicado a todos aquellos navegantes y marinos que han perdido sus vidas intentando cruzar las peligrosas aguas del Cabo de Hornos, debido al fuerte oleaje y a la presencia de icebergs.

Por la tarde llegamos a la isla Navarino, donde desembarcamos en bahía Wulaia, sitio histórico que fuera uno de los asentamientos más grandes de los nativos canoeros Yámanas. Charles Darwin desembarcó aquí en 1833 durante su viaje a bordo del HMS Beagle.

Desembarcar aquí es como viajar en el tiempo, apenas han cambiado los paisajes desde la época de Darwin y de Fitz Roy. Al final de un sendero nos encontramos un pequeño edificio, que en la actualidad es un museo con una placa en homenaje a la llegada del Beagle y sus ilustres viajeros.

En este museo se narra la colonización austral, los aborígenes yámanas y su desaparición, haciendo especial hincapié en la historia de Jemmy Button, un joven yagán que fue cambiado por un botón (de allí el origen de su nombre) por Fitz Roy en su primer viaje del Beagle y que posteriormente fue devuelto a su isla en el segundo viaje.

Este lugar ofrece un espectáculo visual de gran belleza por su vegetación y geografía. Llegamos hasta un mirador, caminando a través del bosque magallánico en el que crecen lengas (roble de Tierra del Fuego), coigües que es una especie de roble, canelos y helechos, entre otras especies. Desde allí pudimos ver vestigios arqueológicos de la presencia de estos pueblos, con conchales y espacios redondos donde construían sus cabañas.

La verdad es que la visita se hizo corta, a pesar de haber pasado toda la tarde paseando por la bahía, intentando revivir un poco de historia y de la forma de vida de los antiguos yámanas. La jornada terminó con la cena, para posteriormente recibir una charla en uno de los salones donde nos explicaron como serían las actividades del día siguiente.

Nuestro tercer día de expedición comenzaba con una fantástica jornada soleada. Por la mañana navegamos por el brazo noroeste del canal de Beagle para ingresar y desembarcar en el Fiordo Pía.

Realizamos una excursión hasta el mirador desde donde se podía observar el glaciar homónimo, cuya lengua principal se extiende desde lo alto del cordón montañoso hasta el mar. El fiordo es de una belleza increíble, con el mar lleno de bloques de hielo, a medida que íbamos navegando con las zodiacs en zigzag hasta el punto de desembarco, el glaciar gracias a la luces del sol era de un azul sobrecogedor; las vistas eran espectaculares, nos encontrábamos apenas a unos 300 metros de la lengua del glaciar, con un silencio sobrecogedor que solamente se rompía con los crujidos del hielo o cuando se partían los bloques del hielo y su posterior caída al mar. Allí vivimos un momento especial, cuando la tripulación del barco nos invitó a tomar una copa de whiskey con los hielos milenarios sacados del glaciar.

Por la tarde seguimos nuestra navegación hasta llegar al fiordo Garibaldi. Aquí parte del pasaje desembarcó a la costa para realizar una caminata a través de la selva fría patagónica, subiendo hasta la base de una cascada de origen glacial. Desde este punto se puede apreciar el imponente paisaje.

Para aquellos que permanecieron a bordo, el capitán puso proa hacia el glaciar Garibaldi para que pudiéramos apreciar la panorámica desde las cubiertas exteriores.

Por la noche seguimos la navegación, dirigiéndonos más al norte. Por la mañana del cuarto día navegamos por el Canal Cockburn para fondear en Seno Chico. Desde las Zodiac fuimos explorando el Fiordo Alakalufe, donde pudimos apreciar unas hermosas cascadas y los glaciares Piloto y Nena.

Al igual que con los glaciares que hasta ahora habíamos visto, nos llamó la atención el intenso color azul del Glaciar Piloto, lo cual denota su compresión y antigüedad. Gracias a las explicaciones de los guías que nos acompañaban en la expedición fuimos aprendiendo diversos aspectos sobre la formación de los glaciares y su influencia en la abrupta geografía de los canales fueguinos.

Por la tarde llegamos al Seno De Agostini, en el Parque Nacional Alberto de Agostini. Aquí nos encontramos con los glaciares que descienden desde el centro de la cordillera Darwin, llegando algunos de ellos hasta el mar. Desembarcamos en los botes para realizar una caminata suave a través del bosque frío húmedo patagónico hasta llegar al frente del Glaciar Águila.

Éste termina en una laguna generada por el deshielo del mismo, donde se fundía la imagen del glaciar con su reflejo, siempre rodeados por las impresionantes montañas de la cordillera.

Por la noche continuamos nuestra navegación por el estrecho de Magallanes. A primera hora de la mañana de nuestro quinto y último día de crucero llegamos hasta la Isla Magdalena.

Esta isla fue durante muchos años parada obligada para el abastecimiento de antiguos navegantes y descubridores. En la actualidad la isla tiene denominación de Monumento Natural, siendo un área silvestre protegida y su objetivo es la protección de la inmensa colonia de pingüinos de Magallanes, además del gran número de cormoranes y gaviotas que residen allí.

Desembarcamos con las luces del alba, y mientras iniciábamos nuestra marcha el sol comenzó a hacer acto de presencia. Fue un momento mágico, con miles y miles de pingüinos comenzando a moverse, unos colocándose de cara al sol, otros de espalda, intentando absorber todo el calor posible.

El recorrido por la isla nos llevó hasta el faro, desde cuyo mirador pudimos admirar el increíble número de pingüinos de la isla. El sendero por el que caminábamos está delimitado por una cuerda, para que nadie se salga del camino; aquí la prioridad absoluta la tienen los pingüinos, y si ellos en sus paseos deciden cruzar el sendero, los turistas deben parar y cederles el paso. Sin embargo esto no es tan fácil, pues estos animales son muy curiosos, y es fácil ver como se acercan a las personas y comienzan a picotear los pantalones, otro momento inolvidable del viaje.

Ya estábamos cerca de Punta Arenas, el fin de nuestro crucero. Una vez desembarcado, empeaba mi viaje de vuelta a España, vía Santiago de Chile y Buenos Aires.

Mientras volaba por encima de los Andes venía a mi mente una reflexión que escribió Charles Darwin sobre la Patagonia, “Al revivir imágenes del pasado —escribió Darwin— encuentro que con frecuencia se cruzan ante mis ojos las planicies patagónicas, empero las mismas son juzgadas por todos como las más miserables e inútiles. Se caracterizan sólo por cuanto poseen en negativo: sin habitantes, sin agua ni árboles, sin montañas, sólo poseen plantas enanas. ¿Por qué entonces —y el caso no es peculiar sólo para mí— tienden esas tierras áridas a tomar posesión de mi mente? ¿Por qué la más plana, más verde y fértil pampa, que es útil al ser humano no produce igual impresión? Apenas me lo explico, pero en parte debe ser por el horizonte que aquellas dan a la imaginación”.

 

[divider]GUÍA PRÁCTICA[/divider]

[column size=one_half position=first ]

CÓMO LLEGAR

En avión Aerolíneas Argentinas vuela desde Madrid todos los días al Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini de Buenos Aires. Desde Barcelona vuela los lunes, martes, jueves, viernes y sábado. De Buenos Aires a Ushuaia, aerolíneas Argentinas tiene múltiples conexiones a lo largo del día. Ya en Chile, de Punta Arenas a Buenos Aires, vía Santiago de Chile, la compañía SKY Airline dispone de un buen número de combinaciones.

DATOS DE INTERÉS

Documentación: Es necesario llevar pasaporte, con un mínimo de 6 meses de vigor; para los ciudadanos españoles no es necesario visado.

Idioma: El Español es el idioma oficial, aunque también es fácil comunicarse en inglés.

Cuándo ir: La temporada de cruceros comienza en septiembre y dura hasta el mes de abril, consultar www.australis.com

DÓNDE DORMIR

Dependiendo de la llegada del vuelo a Buenos Aires, se puede pernoctar en la capital del Tango o seguir vuelo hasta Ushuaia; lo mismo ocurre en Santiago de Chile, dependiendo de las conexiones se puede hacer una noche en la capital chilena.

En Buenos Aires recomendamos el Hotel Dazzler Tower Recoleta, (www.dazzlertowerrecoleta.com) se encuentra en el distrito de Recoleta, en el centro de la ciudad. Es un hotel cómodo, con amplias habitaciones y con un servicio muy amable.

En Ushuaia, el Hotel Las Lengas. (www.laslengashotel.com.ar) se encuentra en la parte alta de la ciudad y desde sus terrazas se divisan unas espectaculares vistas del canal de Beagle. Las habitaciones son confortables y el restaurante destaca por su amplia y variada carta.

En Santiago de Chile, el Hotel Plaza El Bosque Ebro (www.plazaelbosque.cl) se encuentra ubicado en pleno centro financiero de la ciudad. Destaca su restaurante terraza desde el cual se puede disfrutar de unas bonitas vistas de la ciudad. Las habitaciones son amplias y muy confortables.

[/column]

[column size=one_half position=last ]

DÓNDE COMER

La amplia variedad gastronómica de Argentina y Chile es muy difícil de resumir, sin embargo aquí os recomendamos algunos de los lugares que destacan por la calidad de sus productos y el trato amable de su gente:

En Buenos Aires, Siga la Vaca (www.sigalavaca.com ) es una conocida cadena de restaurantes especializado en asados y carnes y se caracteriza por lo que llaman sistema de “Tenedor libre” o el más conocido todo incluido.

En Ushuaia, encontramos el restaurante el Bodegón Fueguino (www.tierradehumos.com/bodegon) es un local centenario y considerado de visita obligada, su carta se basa en comidas caseras típicas de Tierra del Fuego. La Picada es su plato más conocido, y consta de berenjenas, brochetas de cordero, centollo y ciruelas envueltas en bacón.

En Santiago de Chile, el Restaurante Donde Augusto (www.dondeaugusto.cl) es una marisquería donde se puede comer posiblemente el mejor pescado de la ciudad.

Durante los días que dura el crucero de la compañía Australis (www.australis.com) las comidas se realizan dentro del barco. Son muy variadas y de una calidad destacable, los almuerzos son de Buffet y las cenas son de menú, con diferentes opciones a elegir.

QUÉ COMPRAR

Tanto Ushuaia como Punta Arenas son zonas libre de impuestos, donde se pueden encontrar productos electrónicos a buen precio. Con relación a la artesanía destacan los productos de cuero, los tejidos de lana, especialmente los de alpaca y vizcachas.

MÁS INFORMACIÓN

Para ampliar información sobre el destino, os recomendamos las siguientes páginas web con informaciones actualizadas y detalladas del destino:

www.patagonia.gov.ar
patagonia-chile.com
www.aerolineas.com.ar
www.skyairline.cl

www.australis.com

[/column]

Post relacionados: