En Miradas Viajeras, de Capital Radio, David Bigorra nos cuenta uno de los enigmas de la Cisterna Basílica de Estambul. En este antiguo depósito subterráneo de época bizantina se conservan dos cabezas de Medusa utilizadas como bases de columnas. Una está colocada de lado y la otra boca abajo.
La explicación exacta de esa disposición sigue siendo desconocida. Es posible que los constructores aprovecharan esculturas romanas anteriores por motivos prácticos, aunque su posición también ha inspirado interpretaciones simbólicas y leyendas.
Las dos piezas son hoy uno de los detalles más reconocibles de este monumento de Estambul.
La Cisterna Basílica fue construida en el siglo VI por orden del emperador Justiniano I, cuando la actual Estambul era Constantinopla, capital del Imperio bizantino. Su función era almacenar agua para abastecer al Gran Palacio y a los edificios de su entorno. Bajo tierra, sus 336 columnas de mármol sostienen una sucesión de bóvedas que recuerda más a un palacio sumergido que a una infraestructura hidráulica. En su construcción se reaprovecharon columnas y elementos de edificios anteriores, una práctica que ayuda a entender la presencia de las enigmáticas Medusas. Su nombre alude a la basílica que se alzaba sobre este lugar: detrás de la penumbra y las leyendas, se esconde una obra de ingeniería esencial para la vida de la ciudad.
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