En la región de Capadocia, en el corazón de Anatolia central (Turquía), la naturaleza ha creado uno de los paisajes más sorprendentes del planeta. Antiguas erupciones volcánicas cubrieron el territorio con capas de ceniza y lava que, con el paso de millones de años, la erosión del viento, el agua y los cambios extremos de temperatura fue moldeando hasta dar forma a las célebres chimeneas de las hadas, esas formaciones rocosas cónicas que hoy definen la imagen de este territorio.
Pero si hay una manera realmente especial de comprender la magnitud de este paisaje es sobrevolándolo en globo aerostático. Cada madrugada, antes de que salga el sol, decenas de globos comienzan a inflarse lentamente en los valles de Göreme, Uçhisar o Çavuşin. Cuando el primer rayo de luz ilumina el horizonte, los globos se elevan con suavidad y el silencio del amanecer permite contemplar desde el aire un escenario casi irreal: valles ondulados, iglesias excavadas en la roca y las inconfundibles chimeneas de las hadas extendiéndose hasta donde alcanza la vista.
El vuelo suele durar alrededor de una hora y se realiza a distintas alturas, a veces rozando las formaciones rocosas y otras elevándose para ofrecer una panorámica completa de este paisaje declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La combinación de luz dorada, silencio y la presencia de decenas de globos flotando al mismo tiempo convierte esta experiencia en una de las actividades más icónicas y fotografiadas de Turquía.
David Bigorra, director de la revista QTRAVEL, nos acerca a esta experiencia única en un reportaje emitido en el programa Miradas Viajeras de Capital Radio.

