En el estado mexicano de Chihuahua, dentro de la Sierra Tarahumara, el Valle de los Monjes sorprende por sus altas formaciones de roca, modeladas por la erosión durante miles de años.
Entre pinos y encinos aparecen enormes columnas de piedra de formas irregulares. Algunas recuerdan a figuras humanas y explican el nombre popular del valle. Es uno de los paisajes más singulares de los alrededores de Creel, en las Barrancas del Cobre.
La primera impresión es la de estar ante una procesión de gigantes inmóviles. El nombre del Valle de los Monjes nace de esa semejanza entre las siluetas de piedra y un grupo de religiosos con sus hábitos, aunque basta cambiar de posición para descubrir perfiles distintos. No son esculturas talladas por el ser humano: el paisaje es fruto de un largo proceso de desgaste de la roca, en el que las fracturas y la erosión han ido separando y perfilando las columnas. Recorrerlo a pie permite apreciar algo que una fotografía general apenas muestra: las diferencias de tamaño, las grietas y el equilibrio visual de estas grandes moles. La luz también transforma la escena; las sombras dan volumen a las paredes y hacen que unas figuras parezcan acercarse mientras otras se confunden con el fondo. Para fotografiarlo, conviene alternar planos abiertos con detalles y mantener una distancia que permita incluir el entorno, porque los árboles ayudan a comprender la escala de las formaciones.
La visita tiene además una dimensión cultural: estamos en la Sierra Tarahumara, territorio del pueblo rarámuri, cuya presencia forma parte de la identidad de esta región de México. Acercarse a este paisaje merece algo más que una parada rápida para hacerse una foto: caminar con calma, respetar los espacios de la comunidad y pedir permiso antes de retratar a sus habitantes permite conocerlo con otra mirada. Creel sirve como punto de partida para recorrer los alrededores y combinar este valle con otros paisajes serranos. Para la caminata, lo práctico es llevar calzado con buen agarre, agua, protección solar y alguna prenda de abrigo, adaptándose al tiempo del día. Las rocas se disfrutan desde el suelo: evitar trepar o dejar marcas ayuda a conservarlas. En el podcast de Miradas Viajeras, de Capital Radio, nos acercamos a este rincón de Chihuahua, donde la imaginación pone nombres a las piedras y el paisaje invita a detenerse.