Grimaldi Lines, el Comune di Alghero y la Fondazione Alghero reunieron a 14 periodistas y creadores de contenido españoles en un viaje que permitió conocer la historia, gastronomía y naturaleza del noroeste de Cerdeña coincidiendo con una de las grandes celebraciones de la ciudad.
Del Mediterráneo que separa Barcelona y Cerdeña al catalán que todavía se escucha por las calles de L’Alguer hay bastantes menos kilómetros culturales de los que podría parecer. QTRAVEL tuvo ocasión de comprobarlo del 10 al 13 de septiembre, formando parte del press trip organizado por Grimaldi Lines España junto al Comune di Alghero y la Fondazione Alghero.
El encuentro reunió a 14 periodistas y creadores especializados en viajes y combinó dos aspectos que habitualmente se presentan por separado: el trayecto marítimo hasta Cerdeña y el descubrimiento del destino una vez en tierra. La conexión de Grimaldi Lines entre Barcelona y Porto Torres permite llegar al norte de la isla con vehículo propio y convierte las horas de navegación en la primera etapa del viaje.
Pero el verdadero protagonista de esta visita fue L’Alguer —Alghero en italiano—, una de las ciudades con mayor personalidad de Cerdeña, tanto por su situación frente al Mediterráneo como por una historia que explica algo excepcional en Italia: que parte de su población continúe hablando una variedad del catalán más de seis siglos después de la incorporación de la ciudad a la Corona de Aragón.
Sant Miquel, una fiesta que mira también hacia Cataluña
El viaje coincidió con el Sant Miquel Festival 2026, dedicado al patrón de L’Alguer y convertido en uno de los grandes ejes culturales del calendario de la ciudad.
La programación de este año se desarrolla alrededor de la festividad de Sant Miquel, que se celebra el 29 de septiembre, y reúne música, patrimonio, cultura popular y actividades vinculadas a la identidad catalana de L’Alguer. En 2026 el programa se extiende durante septiembre y octubre, dentro de un calendario cultural iniciado ya durante el verano.
Para quienes llegamos desde Cataluña, uno de los momentos más especiales del viaje se produjo precisamente en las calles del casco histórico. Allí se encontraron los Manyacs de Parets del Vallès y los Mataresos de l’Alguer, la colla castellera algueresa, en una jornada que convirtió las torres humanas en una manifestación muy visible de los vínculos entre ambos territorios.
No se trataba únicamente de una exhibición importada para la ocasión. Los Mataresos de l’Alguer son la única colla castellera activa de Italia y este año celebran su tercer aniversario. Las actividades del 11 y 12 de septiembre incluyeron ensayos abiertos, actuaciones y encuentros con los Manyacs llegados desde Cataluña.
Los castells forman parte de un programa que también incorpora otro elemento muy reconocible de la cultura popular catalana: los gegants. Las calles y plazas de la ciudad acogen plantades, cercaviles, música y bailes, reforzando una conexión cultural que en L’Alguer va mucho más allá de una referencia histórica.

Una ciudad sarda donde todavía se habla catalán
Para entender L’Alguer hay que mirar hacia el siglo XIV. La presencia de la Corona de Aragón y el posterior asentamiento de población procedente de territorios catalanes dejaron una huella lingüística que ha llegado hasta nuestros días.
El alguerés continúa formando parte del patrimonio cultural de la ciudad y se encuentra presente en nombres de calles, instituciones, asociaciones y manifestaciones populares. Pasear por el centro histórico significa encontrarse continuamente con esa doble realidad italiana y catalana.
Ese pasado también se reconoce en la propia fisonomía urbana. El casco antiguo conserva murallas, torres y bastiones frente al mar, calles estrechas y edificios religiosos entre los que destaca la iglesia dedicada precisamente a Sant Miquel, identificable por su cúpula revestida de mayólica policromada.
Para el viajero español, y especialmente para el catalán, esa proximidad cultural produce una curiosa sensación: se está inequívocamente en Cerdeña, pero determinadas palabras, tradiciones y referencias resultan sorprendentemente familiares.
Capo Caccia y las entrañas de la Riviera del Corallo
El programa nos permitió comprobar también que L’Alguer no se entiende únicamente desde su casco histórico.
A unos 24 kilómetros de la ciudad, el enorme promontorio calcáreo de Capo Caccia marca uno de los paisajes más espectaculares de la costa noroeste de Cerdeña. Forma parte del Parque de Porto Conte y del Área Marina Protegida Capo Caccia–Isola Piana, un territorio de acantilados, cuevas y fondos marinos estrechamente relacionado con otro de los símbolos locales: el coral rojo.
Bajo esos acantilados se encuentra la Gruta de Neptuno, una de las grandes cavidades marinas italianas. Puede alcanzarse navegando desde L’Alguer o descendiendo por la espectacular Escala del Cabirol, excavada en la pared del promontorio y formada por más de 650 escalones.
En su interior aparecen salas cubiertas de estalactitas y estalagmitas y el gran lago salado Lamarmora. La cavidad se formó hace aproximadamente dos millones de años y su desarrollo conocido alcanza varios kilómetros, aunque solo una parte está abierta a las visitas.
Llegar por mar, como hicimos durante el viaje, permite además contemplar desde otra perspectiva la magnitud de los acantilados de Capo Caccia.
El coral rojo, símbolo de L’Alguer
No es casual que este tramo de costa sea conocido como la Riviera del Corallo.
El coral rojo forma parte desde hace siglos de la identidad económica y artesanal de L’Alguer. La visita a un taller especializado permitió conocer el proceso mediante el cual este material se transforma en piezas de joyería y objetos artesanales.
El propio entorno marino de Capo Caccia alberga colonias de coral rojo y explica la estrecha relación histórica entre este recurso natural y la ciudad.
El coral aparece incluso asociado a la iconografía turística de L’Alguer, pero conocer el trabajo artesanal que existe detrás permite entender que no se trata simplemente de un reclamo comercial.

De los nuraghi a las necrópolis prehistóricas
Otro de los puntos fuertes del norte de Cerdeña aparece muchos siglos antes de que catalanes y sardos cruzaran sus caminos.
El programa incluyó el complejo nurágico de Palmavera y la necrópolis de Anghelu Ruju, dos enclaves que muestran la enorme profundidad histórica de este territorio.
La zona de L’Alguer conserva testimonios arqueológicos que se remontan al Neolítico y a la civilización nurágica, responsable de las características construcciones pétreas que constituyen una de las señas de identidad de Cerdeña. Palmavera y Anghelu Ruju forman parte de ese amplio conjunto de yacimientos que permite seguir la ocupación humana del territorio miles de años antes de la ciudad actual.
Cerdeña también se descubre en la mesa
Como ocurre en buena parte de Italia, comprender el territorio pasa también por sentarse a la mesa.
Durante el viaje hubo oportunidad de acercarse a diferentes registros de la gastronomía local: desde la popular focaccia algueresa, con parada en Il Milese, hasta la cocina tradicional sarda, los productos del mar y los vinos producidos en los alrededores de la ciudad.
La visita a Poderi Guardia Grande permitió descubrir precisamente otra cara del paisaje alguerés, la de los viñedos situados cerca del Mediterráneo, antes de completar la jornada con cocina rural sarda en un agriturismo.
Son experiencias que ayudan a entender que L’Alguer puede funcionar como punto de entrada para conocer una parte de Cerdeña que va bastante más allá del turismo de playa.
La experiencia empezó y terminó a bordo de los Cruise Barcelona y Cruise Roma, los buques gemelos con los que Grimaldi Lines conecta Barcelona con Porto Torres y Civitavecchia.
Con 254 metros de eslora y capacidad para unos 3.500 pasajeros, cuentan con camarotes, tres restaurantes, cuatro bares, piscina, solárium, gimnasio y un área wellness de unos 400 metros cuadrados. Durante el regreso pudimos visitar también el puente de mando y conversar con el capitán.
Los buques incorporan baterías de litio de 5,5 MWh y están preparados para conectarse a la red eléctrica terrestre mediante OPS cuando la infraestructura del puerto lo permite.
“Este press trip refleja la manera en la que entendemos la conexión con Cerdeña, no solo como un servicio marítimo entre Barcelona y Porto Torres, sino como una puerta de entrada a un destino con una identidad cultural, gastronómica y patrimonial propia”, explicó Javier Félez, director de Pasaje y Marketing de Grimaldi Lines España, durante el encuentro.
Y esa idea cobra sentido cuando el barco abandona Barcelona. En lugar de considerar las horas de navegación como un simple desplazamiento, el Mediterráneo pasa a formar parte del viaje.

El viaje comienza en Barcelona
La experiencia empezó y terminó a bordo de los Cruise Barcelona y Cruise Roma, los buques gemelos con los que Grimaldi Lines conecta Barcelona con Porto Torres y Civitavecchia.
Con 254 metros de eslora y capacidad para unos 3.500 pasajeros, cuentan con camarotes, tres restaurantes, cuatro bares, piscina, solárium, gimnasio y un área wellness de unos 400 metros cuadrados. Durante el regreso pudimos visitar también el puente de mando y conversar con el capitán.
Los buques incorporan baterías de litio de 5,5 MWh y están preparados para conectarse a la red eléctrica terrestre mediante OPS cuando la infraestructura del puerto lo permite.
“Este press trip refleja la manera en la que entendemos la conexión con Cerdeña, no solo como un servicio marítimo entre Barcelona y Porto Torres, sino como una puerta de entrada a un destino con una identidad cultural, gastronómica y patrimonial propia”, explicó Javier Félez, director de Pasaje y Marketing de Grimaldi Lines España, durante el encuentro.
Y esa idea cobra sentido cuando el barco abandona Barcelona. En lugar de considerar las horas de navegación como un simple desplazamiento, el Mediterráneo pasa a formar parte del viaje.
L’Alguer, una Cerdeña diferente
Después de cuatro días entre barcos, murallas, castells, cuevas, yacimientos arqueológicos, coral, vinos y cocina sarda, queda una imagen de L’Alguer bastante distinta de la que puede ofrecer una simple escapada de sol y playa.
Aquí conviven Cerdeña y Cataluña, el Mediterráneo y la prehistoria, las fortificaciones medievales y una costa modelada durante millones de años.
Sant Miquel sirve estos días como hilo conductor para mostrar esa identidad. Y hacerlo coincidiendo con castellers llegados desde Cataluña y una colla nacida en la propia L’Alguer permite entender hasta qué punto aquella historia iniciada hace más de seis siglos sigue teniendo manifestaciones visibles en la ciudad actual.
Para QTRAVEL, que ha podido participar directamente en esta experiencia, el viaje ha servido también para confirmar algo importante: L’Alguer merece ser contemplado como destino por sí mismo y no únicamente como una puerta de entrada a las playas de Cerdeña.
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