QTRAVEL 61 - GRAN CANARIA
Taxco, capital de taco
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Las campanas de Santa Prisca resonaron sobre un mar de aromas: maíz recién hecho, carne al carbón, adobos especiados, cilantro fresco, cebolla picada y salsas que despertaron todos los sentidos. Del 30 de abril al 2 de mayo de 2026, Taxco de Alarcón, una de las ciudades coloniales más bellas de México, se transformó en el epicentro de la gastronomía nacional con la celebración del Festival del Taco, una de las propuestas culturales más atractivas vinculadas al Tianguis Turístico de México 2026.

La histórica Plaza Borda, rodeada de casonas virreinales y callejones empedrados, acogió cada tarde —de 16:00 a 20:00 horas— una experiencia culinaria inédita bajo el concepto “32 sabores, 32 estados”. Cocineras tradicionales, taqueros, chefs regionales y productores de todo el país ofrecieron un recorrido gastronómico que permitió descubrir la extraordinaria diversidad de México sin abandonar el corazón de Taxco.

Taxco: patrimonio colonial y escenario perfecto para la gran fiesta del taco

Quien paseó por las pronunciadas calles de Taxco comprendió la sensación de caminar por una ciudad suspendida en el tiempo. Declarado Pueblo Mágico, este enclave guerrerense había sido tradicionalmente reconocido por su artesanía platera y por la majestuosidad barroca de la Parroquia de Santa Prisca, pero durante el Tianguis Turístico reforzó también su vocación como destino cultural y gastronómico.

La elección de Taxco como sede de este festival no fue casual. Su escala humana, su riqueza patrimonial y su atmósfera íntima ofrecieron el escenario perfecto para una celebración donde la cocina mexicana se convirtió en protagonista absoluta. Durante aquellos días, la ciudad actuó como un auténtico embajador cultural de Guerrero, atrayendo a viajeros interesados en experiencias auténticas y profundamente conectadas con la identidad mexicana.

Allí, el taco dejó de ser un simple antojito callejero para convertirse en un vehículo capaz de contar la historia de un país entero.

El taco: identidad, historia y alma de México

Pocas preparaciones representaron a una nación con tanta fuerza como el taco. Su aparente sencillez —una tortilla que abrazó un guiso— escondió siglos de historia, mestizaje y creatividad popular.

En el maíz nixtamalizado sobrevivieron las raíces prehispánicas; en la carne de cerdo, la res, las especias o el queso aparecieron las influencias coloniales y las aportaciones de sucesivas migraciones. El taco unió lo indígena y lo europeo, lo rural y lo urbano, lo festivo y lo cotidiano.

Su grandeza residió precisamente en esa versatilidad infinita: cualquier ingrediente pudo convertirse en taco si encontraba el equilibrio adecuado entre tortilla, relleno y salsa. Por ello, más que un plato, el taco se reveló como un patrimonio vivo, una expresión cultural compartida por millones de mexicanos cada día y una de las manifestaciones más universales de la cocina reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Además, representó un poderoso motor económico y social: miles de familias dependieron de la industria taquera, desde productores de maíz hasta tortillerías, mercados, cocinas tradicionales y puestos callejeros.

México se recorrió estado por estado… y taco por taco

Uno de los grandes aciertos del Festival del Taco fue haber convertido la Plaza Borda en un mapa culinario de México. Cada puesto representó una región, una tradición familiar y una manera distinta de entender el taco, permitiendo a los asistentes emprender un viaje sensorial que atravesó desiertos, montañas, costas y selvas sin abandonar Taxco.

El norte: brasas, harina y carácter fronterizo

Los estados del norte llevaron al festival la contundencia de la cocina de carbón y el protagonismo de las tortillas de harina recién hechas. Sonora destacó con sus tacos de carne asada, donde la calidad de la res y el aroma de las brasas marcaron la diferencia. Desde Sinaloa llegaron los célebres tacos gobernador, nacidos de la fusión entre camarón, queso fundido y tortilla dorada, mientras que Chihuahua y Durango aportaron preparaciones tradicionales como el chilorio y la machaca, ejemplos de una cocina profundamente ligada al territorio y a la conservación de los alimentos. Baja California completó el recorrido con los populares tacos de pescado estilo Ensenada, herederos de la cultura marinera del Pacífico.

El centro: el corazón de la tradición taquera

La zona centro ofreció probablemente la mayor diversidad de estilos. Ciudad de México y Puebla compartieron el protagonismo del taco al pastor, con su carne marinada en achiote y especias, asada lentamente en trompo vertical. Michoacán conquistó a los visitantes con sus carnitas, cocinadas en grandes cazos de cobre hasta alcanzar una textura melosa y crujiente al mismo tiempo. También estuvieron presentes el suadero capitalino, los prácticos tacos de canasta, inseparables de la vida cotidiana mexicana, y los históricos tacos árabes poblanos, cuya influencia libanesa recordó cómo las migraciones también dejaron huella en la gastronomía nacional.

Pacífico y Occidente: humo, montaña y mar

Jalisco llevó uno de los sabores más intensos del encuentro: la birria, cocinada lentamente con chiles y especias hasta deshacerse en un consomé fragante que se convirtió en uno de los grandes protagonistas del festival. Desde las costas del Pacífico llegó el pescado zarandeado, preparado sobre brasas y adobado con una mezcla de chiles, cítricos y especias que evocó el sabor de los puertos del occidente mexicano.

Sureste y Península de Yucatán: herencia maya y aromas tropicales

El recorrido culminó en el sureste, donde la cocina mostró una personalidad completamente distinta. La cochinita pibil yucateca, marinada con achiote y cocinada tradicionalmente bajo tierra, aportó notas ahumadas y cítricas inconfundibles. Oaxaca presentó su tasajo, carne finamente fileteada y asada al carbón, mientras que Chiapas sorprendió con el cochito, una preparación de cerdo adobado que reflejó la riqueza de las cocinas mestizas del sur del país.

Las salsas, el verdadero lenguaje del taco

Si los tacos narraron la geografía de México, las salsas revelaron su carácter. En el norte predominaron las salsas tatemadas y ahumadas, de picor seco y profundo; en el centro aparecieron las verdes cremosas, elaboradas con tomatillo, chile serrano y cilantro fresco; en occidente triunfaron las versiones líquidas y punzantes, imprescindibles para acompañar la birria; y en el sureste destacaron las salsas cítricas de habanero y la refrescante Xnipec yucateca, donde el picante convivió con la acidez y la frescura vegetal.

Más que un simple acompañamiento, las salsas demostraron ser el elemento que terminaba de definir la personalidad de cada taco. Como repitieron muchos cocineros durante el festival, en México un taco nunca se entendió del todo hasta que encontró la salsa adecuada.

Un festival que impulsó turismo, cultura y economía

Más allá de su dimensión festiva, el Festival del Taco representó una inteligente apuesta de turismo gastronómico. El Tianguis Turístico de México se consolidó como la principal plataforma de promoción del país, y la incorporación de experiencias culinarias de alto impacto permitió diversificar la oferta y prolongar la estancia de los visitantes.

Taxco se benefició especialmente de esta proyección. La combinación de patrimonio colonial, artesanía, cultura y gastronomía creó un producto turístico de enorme atractivo tanto para el mercado nacional como para viajeros internacionales interesados en experiencias auténticas y de calidad.

La derrama económica alcanzó no solo a restaurantes y hoteles, sino también a productores locales, artesanos, transportistas y pequeños comercios, reforzando el papel de la gastronomía como herramienta de desarrollo territorial.

32 sabores, 32 estados, un país entero servido sobre una tortilla

Cuando cayó la tarde sobre la Plaza Borda y las luces comenzaron a iluminar las fachadas coloniales, cada puesto contó una historia distinta: la del desierto sonorense, la de los mercados de Ciudad de México, la de las costas del Pacífico o la de las selvas mayas del sureste.

El Festival del Taco de Taxco 2026 se confirmó como mucho más que una feria gastronómica. Fue una celebración de la diversidad cultural mexicana, un homenaje al maíz y a las cocinas regionales, y una oportunidad excepcional para entender por qué el taco continuó siendo uno de los símbolos más poderosos y queridos de México.

Durante tres días, 32 estados, 32 sazones y cientos de historias se reunieron en uno de los escenarios patrimoniales más bellos del país. Y para cualquier amante de la gastronomía mexicana, la conclusión resultó inevitable: en Taxco, el viaje comenzó mucho antes del primer bocado.

Más información: https://www.descubretaxco.com.mx/