Mucho antes de que las iglesias barrocas, las minas de plata y las mansiones coloniales dibujaran la imagen que hoy asociamos con Guanajuato y San Miguel de Allende, estas tierras del centro de México ya tenían historia. Y mucha.
Para encontrarla hay que retroceder varios siglos y conocer una palabra fundamental: chichimeca.
Para un viajero español el término puede resultar desconocido o incluso llevar a pensar que se refiere a un único pueblo indígena, como ocurre al hablar de mayas o mexicas. Pero no fue así. Chichimeca era una denominación amplia aplicada a diferentes pueblos del centro-norte de México, con lenguas, costumbres y formas de vida distintas. Algunos eran nómadas o seminómadas; otros mantenían asentamientos más estables. Entre los grupos vinculados históricamente al actual territorio de Guanajuato aparecen guamares, pames, guachichiles y chichimecas jonaz, en una región donde también la presencia otomí tuvo una enorme importancia.
¿Por qué Guanajuato está tan ligado a los chichimecas?
La explicación está en su geografía y en su historia.
Buena parte del actual Guanajuato formaba parte de la extensa franja que los españoles conocieron como la Gran Chichimeca, un territorio situado al norte de las grandes sociedades mesoamericanas. Cuando durante el siglo XVI la expansión colonial avanzó hacia estas tierras, impulsada en buena medida por el descubrimiento y explotación de yacimientos de plata y por la apertura de las rutas que acabarían formando el Camino Real de Tierra Adentro, los pueblos indígenas ofrecieron una fuerte resistencia. La llamada Guerra Chichimeca, desarrollada durante la segunda mitad del siglo XVI, marcó profundamente la historia de esta parte de México.
Por eso, detrás del esplendor colonial que hoy fascina al visitante existe una historia anterior que ayuda a comprender el territorio de otra manera. Guanajuato no empieza con la llegada de los españoles.
Y ese pasado tampoco ha desaparecido.
En el nordeste del estado, en Misión de Chichimecas, dentro del municipio de San Luis de la Paz, continúa viviendo el pueblo chichimeca jonaz, también conocido como éza’r o úza’. Su lengua sigue hablándose actualmente, convirtiendo a Guanajuato en uno de los pocos lugares donde la herencia chichimeca no pertenece únicamente a los libros de historia.
Para el viajero europeo, esta realidad abre una puerta hacia un Guanajuato bastante diferente del de las postales. A las fachadas coloniales de San Miguel de Allende y la ciudad de Guanajuato se añaden danzas indígenas, antiguos centros ceremoniales, instrumentos de tradición prehispánica y comunidades que mantienen una relación directa con aquellas raíces.

Comonfort: cuando los antiguos Guamares vuelven a danzar
Muy cerca de San Miguel de Allende, el Pueblo Mágico de Comonfort conserva una de las expresiones visualmente más poderosas de esta herencia: la Danza de los Guamares.
Los guamares fueron uno de los pueblos asociados históricamente al mundo chichimeca y tuvieron una importante presencia en la región de Guanajuato. Su memoria reaparece hoy a través de grupos de danzantes que participan en fiestas y encuentros culturales de Comonfort, incluido su Festival de Danzas Indígenas.
Cuerpos pintados, plumas, sonajas sujetas a los tobillos y una percusión que marca cada movimiento convierten la danza en una de esas escenas capaces de transformar la percepción de un destino.
Pero reducirla a una fotografía espectacular sería quedarse en la superficie.
La Danza de los Guamares funciona también como una forma contemporánea de recuperar y reivindicar una identidad indígena que durante siglos quedó relegada frente al relato colonial. Las nuevas generaciones vuelven a poner nombre, cuerpo y sonido a unos pueblos que habitaron estas tierras mucho antes de que existiera el Guanajuato que hoy conocemos.
Para un viajero procedente de España existe además un componente histórico especialmente interesante: contemplar estas danzas significa acercarse al otro lado de una historia que durante mucho tiempo se contó casi exclusivamente desde la perspectiva de quienes conquistaron y colonizaron el territorio.

Mineral de Pozos: escuchar el México anterior a la conquista
El viaje puede continuar hacia Mineral de Pozos, otro de los Pueblos Mágicos de Guanajuato.
Su paisaje está marcado por las ruinas de antiguas explotaciones mineras, pero entre sus calles existe un lugar que permite viajar todavía más atrás en el tiempo: la Casa del Venado Azul, dedicada a la fabricación, interpretación y conocimiento de instrumentos inspirados en tradiciones musicales prehispánicas. El propio portal turístico de Guanajuato incluye este espacio entre los principales atractivos de Mineral de Pozos.
Aquí aparecen nombres que para muchos europeos resultarán completamente nuevos: el teponaztli, instrumento de percusión realizado tradicionalmente en madera; el chicahuaztli, asociado a sonidos rituales y de la naturaleza; el atecocolli, elaborado a partir de una gran concha marina y empleado como instrumento de viento, además de flautas, tambores y sonajas inspirados en modelos antiguos.
Lo interesante no es únicamente observarlos. En algunos talleres puede conocerse su elaboración y escuchar unos sonidos que poco tienen que ver con la imagen musical que habitualmente exporta México.
La experiencia puede acompañarse de un temazcal, el tradicional baño de vapor de origen indígena, en sesiones donde música, oscuridad, calor y cantos forman parte de una práctica contemporánea inspirada en antiguas tradiciones mesoamericanas.
Mineral de Pozos muestra así otra cara del legado indígena: la que se escucha.
Cañada de la Virgen: el cielo como calendario
A poca distancia de San Miguel de Allende aparece uno de los lugares que mejor desmontan la idea de que la historia monumental de Guanajuato comenzó durante el periodo colonial.
La Zona Arqueológica de Cañada de la Virgen fue un importante asentamiento ceremonial prehispánico cuyo origen el Instituto Nacional de Antropología e Historia vincula con la cultura hñähñu u otomí. Su principal periodo de ocupación se desarrolló aproximadamente entre los siglos VI y XI de nuestra era.
Y aquí conviene hacer una distinción: Cañada de la Virgen no es propiamente un yacimiento chichimeca. Su presencia en este recorrido sirve precisamente para comprender que el Guanajuato prehispánico fue mucho más complejo, un espacio donde convivieron y se relacionaron diferentes pueblos del centro de Mesoamérica y del norte.
La arquitectura de Cañada de la Virgen revela además una extraordinaria relación con el firmamento. Sus edificios y espacios ceremoniales presentan alineaciones vinculadas a la observación del Sol, la Luna y Venus, utilizadas para reconocer ciclos relacionados con actividades agrícolas y ceremoniales.
Recorrer sus plataformas y estructuras en medio del paisaje guanajuatense supone cambiar nuevamente de perspectiva. Donde hoy el visitante contempla montañas y horizonte, hace más de mil años otros hombres y mujeres observaban el movimiento de los astros buscando en el cielo el orden de su mundo.
Del México indígena al México colonial
Ahí reside una de las grandes razones para viajar por Guanajuato.
En pocos días es posible pasar de un centro ceremonial prehispánico a las calles barrocas de San Miguel de Allende; escuchar el sonido de un teponaztli en Mineral de Pozos, contemplar la Danza de los Guamares en Comonfort y, unas horas después, caminar entre iglesias, antiguas minas y mansiones levantadas durante el periodo virreinal.
Son épocas muy diferentes, pero pertenecen al mismo territorio.
Conocer el pasado chichimeca permite además mirar de otra manera el propio esplendor colonial de Guanajuato. La expansión minera, los caminos de la plata y la fundación de nuevas poblaciones no ocurrieron sobre un territorio vacío, sino sobre tierras habitadas por pueblos que defendieron su espacio y que participaron, resistieron o acabaron integrándose de distintas maneras en la nueva sociedad que surgió a partir del siglo XVI.
Guanajuato: un viaje más allá de la postal
Para el viajero español, Guanajuato suele llegar asociado a dos imágenes poderosas: la monumental ciudad de Guanajuato y la belleza colonial de San Miguel de Allende.
Pero existe otro viaje posible.
Es el que lleva hasta los pueblos que habitaban estas tierras antes de la llegada de los europeos; el que permite descubrir que la palabra chichimeca engloba una historia mucho más compleja de lo que parece; el que escucha instrumentos de tradición prehispánica en Mineral de Pozos, sigue el ritmo de los Guamares en Comonfort y contempla desde Cañada de la Virgen el mismo cielo que observaban los antiguos habitantes del valle del río Laja.
Porque para comprender Guanajuato no basta con mirar sus fachadas.
También hay que conocer la tierra, los pueblos y las culturas que estaban allí antes de que esas fachadas existieran.
