A pocos kilómetros de Creel, la erosión ha dado forma a un escenario de rocas que parecen figuras reconocibles. Los nombres de los valles —Monjes, Ranas y Hongos— nacen de esa semejanza entre la piedra y la imaginación. El recorrido enlaza naturaleza, pequeñas caminatas y lugares asociados a la vida de las comunidades rarámuri.
La Cueva Tarahumara y la vida en la montaña
La conocida Cueva Tarahumara se encuentra en la zona de San Sebastián y está vinculada a formas de vivienda y a la vida cotidiana de familias rarámuri. La visita requiere respetar el espacio y las indicaciones de sus habitantes. En el entorno se encuentran trabajos artesanales de cestería, textiles y madera.


Valle de los Monjes: esculturas entre los pinos
En el Valle de los Monjes, las columnas rocosas se elevan entre los árboles y recuerdan figuras humanas. Su forma cambia según el punto desde el que se observan, por lo que merece la pena recorrer el paraje a pie.
En algunos puntos, la cultura popular ha asociado esas figuras naturales a relatos de guardianes y personajes petrificados. Más allá de las leyendas, la explicación está en los procesos geológicos que han modelado la sierra a lo largo del tiempo.


Valle de las Ranas y Valle de los Hongos
El Valle de las Ranas recibe su nombre por las rocas redondeadas que evocan animales agazapados. Es un paisaje abierto, apto para paseos tranquilos y para descubrir formas nuevas según cambia la perspectiva. Muy cerca, el Valle de los Hongos reúne piedras con bases más estrechas y partes superiores voluminosas que recuerdan setas gigantescas.
Los dos parajes se pueden combinar en una excursión por los alrededores de Creel. Conviene respetar los senderos, evitar alterar las rocas y recordar que se trata de territorios con valor natural y cultural.


Los senderos permiten acercarse a las formaciones y observar sus perfiles desde diferentes perspectivas.
Texto: David Bigorra. Fotografías: Daniel Herrera, David Bigorra y Fideicomiso ¡Ah Chihuahua!, según los créditos de QTRAVEL 54.